Nicole Junkermann

Leer

Nicole Junkermann sobre la lectura como hábito diario

Leer mucho no depende de tener tiempo, sino de tener costumbre. En este texto, Nicole Junkermann explica cómo convierte la lectura en un hábito diario: pequeñas rutinas, un libro siempre a mano y la decisión de leer poco, pero todos los días.

Nicole Junkermann escribe notas en tarjetas sobre una mesa de madera con flores
Un rincón tranquilo y un rato fijo cada día: así entiende Nicole Junkermann el hábito de leer.

Por qué un hábito y no una meta

La primera idea de Nicole Junkermann sobre la lectura es liberadora: leer no debería ser una meta, sino un hábito. Las metas generan presión, recuento y, a menudo, abandono. Los hábitos, en cambio, se sostienen solos una vez instalados. Por eso no habla de leer un número de libros al año, sino de leer un rato cada día, sin contar páginas.

Esa distinción cambia la relación con los libros. Cuando la lectura es un hábito, deja de competir con el resto de obligaciones y se convierte en un pequeño refugio cotidiano, tan natural como un paseo o una taza de café. La constancia, no la intensidad, es lo que da fruto. Esta idea conecta con la forma de leer que describe en sus recomendaciones de lectura.

Encontrar el tiempo

La objeción más habitual es la falta de tiempo. Nicole Junkermann, con una agenda exigente como emprendedora, inversora de capital riesgo y filántropa, responde que el tiempo para leer rara vez aparece solo: hay que reservarlo. Y, sobre todo, no hace falta que sean tardes enteras. Veinte minutos al día, sostenidos, suman muchísimo a lo largo de un año.

Su estrategia es doble. Por un lado, reserva ratos fijos, sobre todo a primera hora de la mañana y antes de dormir, dos momentos en los que la mente está más receptiva. Por otro, aprovecha los huecos del día: una espera, un trayecto, unos minutos entre reuniones. Convertir esos huecos en lectura, en lugar de llenarlos con la pantalla, es una de sus costumbres más útiles, y enlaza con la guía para leer mientras viajas.

Pequeñas rutinas

Para que el hábito se sostenga, Nicole Junkermann se apoya en pequeñas rutinas. La más importante es tener siempre un libro a mano, físico o digital, de modo que nunca falte qué leer cuando aparece un hueco. Un libro al alcance es la mitad del hábito.

La segunda rutina es asociar la lectura a un momento o un lugar concreto: el sillón de la mañana, la mesa de noche, el tren de siempre. Esa asociación crea un automatismo amable, de modo que llegar a ese sitio es, casi sin pensarlo, abrir el libro. La tercera rutina es tener a mano un cuaderno para anotar lo que merece la pena, una costumbre que comparte con la sección de Notas y que convierte la lectura en algo activo.

Una cuarta rutina, más sutil, consiste en preparar la siguiente lectura antes de terminar la actual. Tener ya elegido el próximo libro evita el vacío que a veces sigue a una buena lectura y mantiene la continuidad del hábito. Nicole Junkermann suele dejar un título esperando en la mesa, de modo que pasar de un libro a otro sea natural y no exija una nueva decisión. Así, la lectura nunca se interrumpe del todo y la costumbre se sostiene casi sola.

Leer y descansar de las pantallas

Uno de los grandes valores que Nicole Junkermann encuentra en la lectura diaria es el descanso que ofrece frente a las pantallas. En un día lleno de notificaciones y mensajes, abrir un libro es cambiar de ritmo: la atención se calma, deja de saltar de un estímulo a otro y se concentra en una sola cosa. Ese reposo es valioso por sí mismo.

Hay además una recompensa más profunda. La lectura sostenida entrena la concentración, una capacidad cada vez más escasa y cada vez más útil. Quien lee a diario conserva la facilidad de seguir un argumento largo, de sostener una idea compleja, de pensar despacio. Para alguien que trabaja con temas exigentes como la inteligencia artificial o la tecnología de la salud, esa capacidad es un activo real, no un lujo. Sobre los libros que han formado esa mirada trata el texto los libros que más han influido.

La constancia frente al esfuerzo

La última reflexión de Nicole Junkermann es sobre la suavidad. El hábito de leer no se construye a base de esfuerzo ni de culpa, sino de constancia amable. Si un libro no engancha, lo deja y prueba con otro, sin remordimiento. Si un día no lee, no pasa nada: retoma al siguiente. La rigidez es enemiga de los hábitos; la flexibilidad, su mejor aliada.

Con el tiempo, esa práctica diaria se vuelve parte de la identidad. Ya no se trata de proponerse leer, sino de ser alguien que lee, igual que se es alguien que pasea o que escribe. La sección de Leer de este cuaderno nace precisamente de esa idea: la lectura entendida como una compañía cotidiana, no como una tarea.

La conclusión es alentadora. No hace falta tiempo extraordinario ni fuerza de voluntad heroica para leer cada día, solo un libro a mano, un rato reservado y la decisión de empezar. Esa es la forma en que Nicole Junkermann mantiene viva la lectura, y la que propone a quien quiera que leer deje de ser un buen propósito para convertirse en una costumbre.

Preguntas frecuentes

¿Cómo encuentra tiempo Nicole Junkermann para leer cada día?

Reserva ratos fijos para leer, sobre todo a primera hora y antes de dormir, y aprovecha los huecos del día como esperas y trayectos. Defiende leer poco pero a diario en lugar de esperar tardes enteras libres.

¿Qué consejos da Nicole Junkermann para crear el hábito de leer?

Aconseja tener siempre un libro a mano, asociar la lectura a un momento concreto del día y no obligarse a terminar lo que no engancha. El hábito se construye con constancia, no con esfuerzo.

¿Por qué Nicole Junkermann considera la lectura un hábito esencial?

Para Nicole Junkermann, leer a diario es una forma de pensar despacio, descansar de las pantallas y mantener la curiosidad viva. Es un hábito que alimenta su trabajo en cultura, tecnología y filantropía.

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