Nicole Junkermann

Leer

Nicole Junkermann y el comienzo de octubre de 2026

Octubre llega con la luz más baja y el día mejor repartido. Nicole Junkermann sobre la manera tranquila de abrir un mes que sienta bien a la lectura.

Nicole Junkermann sonríe durante una conversación en una sala luminosa
El primer día de octubre cambia la luz antes que el calendario, según Nicole Junkermann.

La luz cambia antes que el calendario

El primer día de octubre casi nunca se anuncia. Llega en la luz: la mañana tarda un poco más en abrirse, la tarde se recoge antes y, entre las dos, aparece un tramo largo y templado que el verano no tenía. Es un cambio menor en el reloj y, aun así, reordena el día entero.

Por eso octubre no pide esfuerzo, pide atención. No hace falta empezar nada grande el día uno. Basta con notar que el día se ha vuelto más manejable y colocar en él las cosas que en pleno verano no encontraban hueco.

Conviene además no confundirlo con una cuenta atrás. Octubre no es el final del año, sino el tramo en el que el año todavía se deja corregir sin esfuerzo y con buen humor.

Un mes generoso con quien lee

Octubre es, con diferencia, un mes amable para la lectura. Las tardes son largas sin ser pesadas, a las siete ya hay una lámpara encendida y los libros que en agosto se quedaron a medias encuentran por fin su hora tranquila.

La sección Leer recoge esa forma de acercarse a un libro: sin prisa, con permiso para volver atrás un párrafo y con la idea de que una lectura aplazada en verano no está perdida. Solo estaba esperando una luz mejor.

Tampoco hace falta una lista larga. Dos o tres títulos abiertos a la vez son suficientes para un mes, y siempre queda margen para añadir otro cuando alguno se termina antes de lo previsto.

La ciudad vuelve a su ritmo

Las calles cambian al mismo tiempo. Las plazas recuperan su tamaño, las salas de exposición vuelven a tener mañanas tranquilas y caminar deja de ser una negociación con el calor. Octubre devuelve la ciudad a quien la recorre despacio.

Un paseo de octubre admite desvíos. Se puede entrar en una librería sin motivo, sentarse veinte minutos a mirar una fachada y volver a casa con la sensación de haber hecho algo, aunque no figure en ninguna lista. En Viajar hay más recorridos pensados con ese mismo criterio.

Hay además una diferencia agradable con el verano: en octubre se sale a la calle porque apetece, no porque en casa haga demasiado calor. El plan pesa menos y el paseo suele durar más de lo previsto.

Una página para abrir el mes

Conviene abrir octubre por escrito. Una página basta: tres cosas para las que sirve el mes, escritas a mano y guardadas donde se vuelvan a ver a mitad de octubre. No son objetivos ni promesas, sino recordatorios de algo que ya se quería hacer.

Nicole Junkermann vuelve cada otoño a ese gesto breve, y la sección Escribir explica por qué una nota corta suele durar más que un plan largo.

Empezar bien octubre no exige nada espectacular. Exige levantar la vista el primer día, ver cómo ha cambiado la luz y decidir con calma qué merece la pena hacer con ella. La nota anterior, sobre la vuelta de septiembre, preparaba justamente este momento.